No recuerdo cuando te vi por vez primera, y sin embargo me envolviste en tu aparente ternura y vivacidad, alegre y sonriente. Mi memoria falla, pero tu porte sereno se gravo en mí. Tu mirada, ¡por Dios! esa mirada que me derrite, me lleva al interior de ese mar que es tu alma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario